KINO-ALEPH

El Aleph, el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos.

¿Cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca? El problema central es irresoluble: la enumeración, siquiera parcial, de un conjunto infinito.

El presente proyecto propone la exploración del concepto de “cotidianidad” en un contexto desconocido para el artista, como lo es la Ciudad de México, para completar la obra kino-aleph; en la que, partiendo de la obra de Borges “El aleph”, se pone en evidencia la limitación del lenguaje para describir lo infinito, en cuanto que éste tiene sentido solo cuando se transmiten conceptos compartidos entre emisor y receptor.
No hay forma, pues, de comunicar un concepto no compartido, ni existe persona con infinitos conceptos en su haber, por lo que transmitir El aleph, esto es: todas las cosas del universo, se presenta imposible. A pesar de eso, Borges describe una selección de imagenes oníricas que han sido retenidas en su memoria por razones que desconocemos, pero se intuye la belleza, o quiza motivos mas profundos que, de alguna manera, son reflejo de la naturaleza del autor.

De forma análoga yo me hago esa misma pregunta ¿Qué imagenes de lo cotidiano, entendiendo por cotidiano una infinitud de imagenes que impactan diariamente en mi mente, qué imagenes son las que mi mente retiene? Estas imagenes son las que se muestran de forma desordenada y aleatoria en la obra actual.
La siguiente propuesta por la que estaría interesado en la residencia, nace como evolución de dicha obra y pretende realizar una videoinstalación con el mismo punto de partida, pero en esta ocasion, la cotidianidad desaparece, y de esta forma la obra se va a contraponer a la anterior. La obra final sería pues una instalacion donde se proyectaran confrontadas estos dos Aleph, uno bajo el prisma de lo cotidiano y el otro bajo el prisma de lo desconocido.

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KINO-ALPEH
Vídeo, tiempo indefinido.
Barcelona 2011

Realización de un compendio de imágenes, interpretadas como relatos de la cotidianeidad, que representan la imposibilidad de retratar todo el universo.

"Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Frey Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer de pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemont Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplicaban sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osadura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi propia sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo."